Ni merengue ni colchonera

Cuando era pequeña me encantaba jugar al fútbol. Siempre me ponía de defensa. Recuerdo que en el cole mis amigos se peleaban por tenerme en su equipo, no sé si era porque jugaba bien o porque los delanteros querían evitar algunas de mis patadas voladoras.También me gustaba ver los partidos del Celta en Balaídos con mi padre. Recuerdo que comíamos pipas sin parar y  que la gente se enfadaba mucho con los árbitros. Eso sí, cuando el Celta marcaba un gol el estadio se ponía en pié, y todos gritaban y se abrazaban y se daban besos y cantaban. !Una gran fiesta! Pero cuando el Celta perdía… todo era malas caras, y hasta algunas palabrotas.

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Con el paso del tiempo el fútbol dejó de interesarme y le cogí un poco de manía. No al deporte en sí, sino a todo lo que mueve, es decir, al negocio del fútbol y toda su ostentación.

Pero reconozco que es un deporte que levanta pasiones, y yo misma me lo he pasado muy bien viendo algún partido de la Selección Española, de «aquellos años atrás en que lo ganaban todo», jejejeje.

Es fascinante la emoción que el fútbol despierta en la afición ganadora. La alegría y el entusiasmo se apodera de ellos, se olvidan de los problemas, todo es maravilloso… Incluso en una ocasión leí que nueve meses después de una victoria apabullante del Barça sobre el Real Madrid, nacieron un 45% más de niños que el promedio habitual en Cataluña.

Lo que es totalmente deleznable son los hinchas radicales que con violencia verbal y física ensucian el espectáculo que para tantas personas supone este deporte. Incluso en divisiones provinciales, o en partidos de categorías juveniles… Algo inexplicable. Creo que los clubs no deberían permitirlo. Es mi humilde opinión.

Mucha gente dice, parafraseando a Marx, que el fútbol es el nuevo opio del pueblo. Y yo muchas veces también lo pienso, nena… pero otro día discutiremos sobre esto tomándonos un zumo de piña, que de lo que te quiero hablar hoy es de la Carrera de las Aficiones.

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El derbi de las aficiones reune a hinchas del Real Madrid y del Atlético para correr juntos los 10 kilómetros que separan al Santiago Bernabeu del Vicente Calderón. Pretende promover el juego limpio y la sana competición. Como el recorrido es casi todo cuesta abajo es una de las carreras más rápidas de la comunidad de Madrid. Además está homologada, es decir,  el tiempo puntúa para el cajón de salida de la tradicional San Silvestre Vallecana, con lo cual la gente va tope y siempre mejora su marca personal.

Cuando Rigodón me invito a esta carrera me dijo:

» Te he inscrito como colchonera».

Cosa que a mí no me importó demasiado ya que tenía claro que si corría con alguna afición sería con la del Celta de Vigo. Así que me planté allí con mi camiseta azul celeste más feliz que una perdiz.

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Como hacia mucho frío no calentamos demasiado, enseguida nos metimos en la cola de salida, al calor humano. Yo me sentía como una pepita de chocolate en medio de tanto merengue.

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La salida fue muy rápida, los primeros kilómetros los hice a menos de 4´. Bajamos la Castellana a toda mecha. En el kilómetro tres ya no podía con el cucu.

Cuando llegamos Cibeles sonaba el himno del Real Madrid, y yo pensando:

«Esta música me motiva cero»,

Y en Neptuno el himno del AtlétIco:

«La play list de esta carrera no me da gasolina»

Y claro, en la cuesta del Congreso palmé. En Sol me recuperé y volví a brillar, pero la calle Mayor se me hizo eterna. En Bailén quise morir, no sé como llegué a las cuesta de Pontones. En el Paseo Imperial reinaba el maravilloso cartel que marca el kilómetro 9, y de repente:

«¿Qué ven mis ojos?. Esa cuesta tiene que ser un espejismo…»

La calle Alejandro Dumas fue una real y dulce agonía.

Y entonces apareció ella, la gloriosa meta, tan gallarda y deseada. La gente aplaudiendo y silbando… ¡Esta pedazo de carrera se merece un sprint final!

LO HE CONSEGUIDO .

¡Qué satisfación produce el esfuerzo, nena! Una carrera muy veloz. Mejoré mi marca personal en 42´44 y fui la 17 mujer en la clasificación absoluta. Increíble.

Sí, nena, al llegar me dieron un mini-fuet y me puse a votar como una loca.

Nunca pensé que me haría tanta ilusión ver el Vicente Calderón

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Pero lo que más feliz me hizo fue que viniese mi padre a buscarme para llevarme a casa.

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En cierto modo esta carrera se la dedicaba a él y a esos momentos compartidos en Balaídos cuando era niña, y comíamos pipas y saltábamos celebrando los goles de Vladimir Gudelj.

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Besos y achuchones de La Nena Veloz

 

Marta LarraldeNi merengue ni colchonera
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6 comments

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  • javier zapata - 05/12/2014 reply

    bravo nena…bravo!!!

  • hugo voss - 05/12/2014 reply

    Muy bien celtista, en la distancia se vive más la pasión del futbol y te hace comprender que es un deporte que no deja indeferente a nadie.besos y bikos desde las rías bajas

  • karolina - 05/12/2014 reply

    Me encanta nena.Sempre Celta ondiñas veñen ondiñas veñen e van non te vaias rianxeiraaaa…..bikiños

    .

  • Eduardo Escribano - 09/12/2014 reply

    No me gusta el football pero me encanta ver a ambos equipos en consonancia, y que se promueva el juego limpio y la sana competición. Me encanta tú entusiasmo y actividad. Sigue así.

  • Eduardo - 09/12/2014 reply

    Buen artículo Marta. Solo quiero destacar el buen ambiente que se vive en esta carrera en el que la rivalidad deportiva se lleva con respeto y sin violencia. Creo que son los valores de los corredores que tantos aficionados al fútbol llevamos dentro los que consiguen esta fiesta. Por cierto… ¡enhorabuena por la marca!

  • Sones - 14/12/2014 reply

    Ole y ole! Bravo me encanta como lo has descrito

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